Las repercusiones internacionales por la “extracción” de Nicolás Maduro y Cilia Flores de Venezuela, ordenada el sábado pasado por el presidente estadounidense Donald Trump, continúan multiplicándose. La operación militar, denominada “Resolución Absoluta” y ejecutada por fuerzas de Estados Unidos, no solo reconfiguró el tablero político regional, sino que también provocó una fuerte reacción en el mundo intelectual, particularmente entre escritores de proyección global.

Autores estadounidenses de renombre como Stephen King, Don Winslow y Joyce Carol Oates expresaron su rechazo a la intervención, cuestionando tanto sus fundamentos como sus consecuencias. Algunos de ellos sugirieron que el operativo podría funcionar como una “pantalla” política, destinada a desplazar del centro del debate público la inminente publicación de los archivos de Jeffrey Epstein vinculados a redes de tráfico sexual, además de encubrir intereses económicos estratégicos, explícitamente mencionados por el propio Trump en declaraciones previas.

Sin embargo, el consenso crítico estuvo lejos de ser unánime. Desde Miami, el escritor peruano Jaime Bayly celebró abiertamente la captura del mandatario venezolano y su esposa, pese a que el operativo dejó víctimas fatales. En su canal de YouTube, Bayly calificó la jornada como “histórica” y “feliz”, exaltando la caída de Maduro y expresando un apoyo explícito tanto a la oposición venezolana como al presidente estadounidense. “Hoy, sábado 3 de enero de 2026, es un día histórico, un día feliz, inmensamente feliz. […] Hoy, por fin, ha caído Maduro”, exclamó, luciendo una gorra con el escudo nacional venezolano y cerrando su arenga con elogios directos a Trump y a las fuerzas armadas de Estados Unidos.

El entusiasmo del escritor resultó particularmente llamativo si se considera que, en 2025, Bayly había sido crítico de Trump por no concretar su amenaza de invadir Venezuela. Esta vez, admitió su sorpresa ante la decisión del mandatario estadounidense: “Sinceramente pensé que Trump no iba a correr un riesgo tan grande”, afirmó, para luego elogiarlo sin ambigüedades. Bayly sostuvo además que Maduro será juzgado en Nueva York, donde —según afirmó— enfrenta causas criminales desde 2020, y que tanto él como Cilia Flores pasarán el resto de sus vidas en prisión. En su análisis, la escasa resistencia de la guardia personal del mandatario era previsible, reflejo de un aislamiento político extremo.

El escritor fue más allá al expresar su deseo de que Estados Unidos profundice la intervención y capture a otras figuras clave del chavismo, como Delcy y Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello. Según Bayly, Venezuela transitará ahora un gobierno de transición hasta la eventual asunción de Edmundo González Urrutia, con el respaldo de María Corina Machado, aunque advirtió que ese proceso deberá acordarse con la administración Trump. En el plano regional, Bayly criticó con dureza a varios presidentes latinoamericanos —Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva— por defender a Maduro, calificando esa postura de “vergonzosa”. En contraste, elogió al presidente argentino Javier Milei y destacó la reacción del mandatario francés Emmanuel Macron, a quien consideró más enfático que el español Pedro Sánchez, al que tildó de “tibio”.

En el extremo opuesto se ubicó el escritor y cronista argentino Martín Caparrós, quien rechazó desde el inicio la intromisión estadounidense en la política venezolana. A través de redes sociales, Caparrós debatió con intelectuales que apoyaron la operación, entre ellos Rodrigo Blanco Calderón y Marcelo Birmajer. Con ironía, cuestionó a las llamadas “derechas democráticas” por celebrar la caída de un dictador cuando —según su lectura— el poder quedará en manos de una figura igualmente autoritaria. “Este Trumpf [sic] es tan bruto que siempre les complica las cosas”, escribió al referirse a la negociación de Washington con Delcy Rodríguez.

Al día siguiente, Caparrós profundizó su crítica y describió el episodio como “un gran show”, en el que todos los actores centrales habrían incurrido en traiciones cruzadas: Machado, por pedir la invasión estadounidense; Trump, por hacerle creer que la pondría en el poder; Delcy Rodríguez, por entregar a Maduro; y el propio expresidente venezolano, a quien definió como “el tonto” que terminó preso precisamente por no traicionar.

Voces desde Estados Unidos

Desde Estados Unidos, el pronunciamiento más resonante fue el de Stephen King, quien utilizó la red social X para cuestionar las motivaciones reales de la captura. “Maduro no es buena persona, de acuerdo. Pero Putin tampoco, y Trump le tendió la alfombra roja. No se trata de drogas, se trata de petróleo”, escribió, sugiriendo que los intereses energéticos pesan más que cualquier consideración ética o legal.

En la misma línea se manifestó Don Winslow, autor de El poder del perro y férreo opositor a las políticas de Trump. Winslow calificó la operación como una “locura” y desmontó el relato oficial punto por punto: recordó que Venezuela no produce fentanilo, que los supuestos barcos pesqueros atacados no podían llegar a Estados Unidos sin múltiples reabastecimientos, y concluyó que la invasión y el secuestro apuntaron, en realidad, a los billones de dólares del petróleo venezolano.

Así, la captura de Maduro no solo abrió una nueva etapa de incertidumbre política en Venezuela, sino que también dejó al descubierto una fractura profunda en el campo intelectual, donde la celebración de la caída de un régimen autoritario convive con el temor a que la intervención consolide nuevas formas de dominación bajo el discurso de la liberación.

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