Sentimiento de un Venezolano:
A ver, queridos “preocupados de última hora”. Sabemos que ven una noticia sobre Estados Unidos, escuchan la palabra “intervención” y automáticamente activan el modo “¡Imperialismo! ¡Colonialismo!” desde la comodidad de su sofá en un país democrático y con supermercados llenos.
Pero antes de dictar cátedra en Twitter, respiren. Siéntense. Escuchen.
Para nosotros esto no va de geopolítica de salón ni de debates teóricos. Va de sobrevivir.
Por primera vez en 27 años sentimos que alguien hizo algo. No que lo debatió, no que lo condenó, no que lo “evaluó”. Lo hizo.
No estamos celebrando la guerra. Estamos celebrando la posibilidad —remota pero real— de que la pesadilla termine.
Aquí les dejamos una explicación con peras, manzanas… y un poquito de memoria histórica.
1. La falacia del “experto de sofá” (o el eterno: ¿Y tú qué hubieras hecho?)
Siempre aparece alguien diciendo:
“Es que la violencia no es la vía”. “Las cosas se deben resolver por la vía democrática”.
Suena bonito. Suena civilizado. Suena académico.
Pero permíteme preguntarte algo, sinceramente y sin sarcasmo:
¿Cómo lo hubieras hecho tú?
No me digas lo que NO harías.
Dime la alternativa realista.
– ¿Elecciones?
Las hubo. Varias. Y se robaron TODAS.
– ¿Diálogo?
Fueron años de diálogos, mediaciones, mesas, foros, encuentros…
Mientras dialogábamos, ellos encarcelaban, torturaban y compraban más fusiles.
– ¿Presión internacional?
Hubo sanciones, denuncias, informes de la ONU… ¿Resultado? Cero.
La verdad incómoda es esta:
Si fuera por muchos de ustedes, desde su distancia moralmente cómoda,
no se hubiera hecho nada.
Y mientras tanto:
– se nos fue la juventud,
– se nos fue el país,
– se nos fue la vida.
Y no, tu título universitario no te pone por encima del dolor de un pueblo.
Tu doctorado no resucita a los ejecutados.
Tu “neutralidad” no alimenta a un niño hambriento.
2. “Vienen a robarse el petróleo” (spoiler: ya lo estaban robando)
Cada vez que pasa algo en Venezuela aparece el argumento comodín:
“Es que van por el petróleo”.
Vamos a hablar claro.
El petróleo ya se lo estaban llevando:
– rusos,
– chinos,
– iraníes,
– cubanos.
Y no vinieron por turismo cultural.
La diferencia es que ANTES:
– lo saqueaban
– destruían PDVSA
– exprimían al país
…y aun así el venezolano seguía pobre, hambriento y reprimido.
¿Que ahora también hay intereses económicos?
Claro que los hay.
El mundo funciona así desde que existe la humanidad.
Y aun así, desde el dolor más crudo, muchos venezolanos pensamos:
Si la condición para recuperar la libertad es que se queden con parte del petróleo…
pues que se lo queden.
Porque:
– ¿De qué sirve que el petróleo sea “nuestro” – si el pueblo muere de hambre en su propio país?
La riqueza nacional no es riqueza
si solo enriquece a un tirano.
3. ¿Dónde estaba toda esta “preocupación” antes?
Aquí es donde ya uno no sabe si reír o llorar.
Durante años:
– Se desplomó la producción petrolera
– Cerraron empresas, industrias, fábricas
– Colapsó el sistema de salud
Y del mundo “progresista sensible” hubo:
Silencio.
Más de 8 millones de venezolanos huyeron caminando
por selvas, caminos, fronteras.
Madres pariendo en carretera.
Niños durmiendo en terminales.
Y hubo:
Silencio.
Hubo presos políticos, torturas, desapariciones, persecución.
Adolescentes golpeados.
Estudiantes asesinados.
Periodistas encarcelados.
Y hubo:
Silencio.
Pero ahora sí aparecen:
– defensores de la “soberanía” – analistas de escritorio – filósofos del pacifismo selectivo
Preguntando:
“¿Y por qué se meten ahora?”
Porque cuando gritamos solos nadie escuchó.
Y ahora que el pueblo venezolano respira esperanza…
resulta que ahora sí opinan.
4. Las matemáticas de la empatía (para el que aún no lo entiende)
Antes de opinar sobre Venezuela, lean estos números sin mirar hacia otro lado:
– 36.800 víctimas de tortura
– 10.000 ejecuciones extrajudiciales
– 18.305 presos políticos
– 90% de pobreza
– hospitales sin insumos
– niños desnutridos
– abuelos buscando comida en la basura
Esto no es un debate ideológico.
Es una tragedia humana.
Y sí, lo decimos sin miedo:
Entre:
– “soberanía con tortura”
y
– “intervención con esperanza”
preferimos la segunda.
Mil veces.
Porque la verdadera pérdida de soberanía
no es que intervenga otro país.
Es que tu propio gobierno te trate como enemigo.
5. Lo que realmente queremos (y no, no es el petróleo)
Queremos cosas sencillas.
Cosas humanas.
Queremos:
– volver a hablar sin miedo
– volver a trabajar sin huir
– volver a votar sin fraudes
– volver a caminar sin miedo a ser detenidos
Queremos que los que se fueron puedan volver.
Queremos ver familias reunidas otra vez.
Mientras algunos piensan en geopolítica y barriles de crudo…
Nosotros pensamos en:
– abrazar a mamá
– volver a casa
– ver crecer a nuestros hijos en su país
Eso es lo que duele. Eso es lo que importa.
Conclusión
Si de verdad les importan los venezolanos:
No lloren por la “soberanía” de un régimen
que ya había entregado el país.
No defiendan desde la distancia
lo que nosotros hemos sufrido en carne viva.
La operación duró lo que dura un TikTok.
Y por primera vez en décadas
vemos una luz al final del túnel.
No celebremos la guerra.
Celebramos la posibilidad de volver a ser país.
De volver a reunirnos.
De volver a vivir.
Un beso… y sigan viendo.
Pero ahora, al menos, sabiendo lo que miran.
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