La salida de Xabi Alonso del banquillo del Real Madrid se produjo a partir de una decisión gestada en las oficinas del propio club. Si bien el comunicado oficial emitido desde Madrid habla de un acuerdo de mutuo consenso, la secuencia real de los hechos indica que fue la dirigencia blanca la que dio el primer paso. El técnico no contemplaba la posibilidad de dimitir ni de abandonar el cargo por iniciativa propia, pero fue la entidad merengue la que se contactó con él y puso sobre la mesa la opción concreta de su salida.

En la reunión sostenida entre ambas partes se abordaron todos los frentes del proyecto: un balance exhaustivo de la temporada, el delicado presente deportivo del equipo y las perspectivas a corto plazo en el Estadio Santiago Bernabéu. El diagnóstico interno fue claro y coincidió en un punto clave: el ciclo había perdido impulso y requería una redefinición inmediata.

Desde la visión del club, el curso estuvo marcado por la irregularidad, la falta de continuidad y una dinámica negativa que se arrastró durante buena parte del calendario. El Real Madrid entendió que era necesario dar un golpe de timón, y en ese contexto el cese de Xabi Alonso comenzó a perfilarse como una solución inevitable. El entrenador había iniciado la temporada con convicción, intentando implantar su idea futbolística mediante un nuevo sistema de juego, con automatismos distintos y rutinas propias. No obstante, el proceso encontró resistencias desde dentro del vestuario.

La falta de sintonía interna fue un factor determinante. El técnico no logró el respaldo necesario para sostener su propuesta a lo largo del tiempo y, mes a mes, se vio obligado a ceder terreno, alejándose progresivamente de la idea original con la que había asumido el desafío. Esa concesión permanente terminó diluyendo el modelo y afectando directamente al rendimiento colectivo.

La incapacidad para imponer una identidad clara sobre el césped tuvo consecuencias evidentes. El equipo mostró una preocupante falta de rumbo futbolístico, agravada por una serie de contratiempos que incluyeron lesiones recurrentes y la prolongada ausencia de jugadores clave. Estos factores condicionaron la planificación, alteraron las alineaciones y limitaron la continuidad necesaria para consolidar un funcionamiento reconocible. El resultado fue una suma de malos resultados y una imagen futbolística muy por debajo de las expectativas históricas del club.

Este escenario llevó finalmente al Real Madrid a trasladarle a Xabi Alonso que lo más conveniente para ambas partes era separar caminos. Aunque el entrenador no impulsó el encuentro ni tenía intención de marcharse, comprendió el contexto. El creciente ruido mediático en torno a su futuro y la sensación de un proyecto agotado terminaron por inclinar la balanza. Así, aceptó la propuesta del club y acordó su salida, cerrando una etapa que comenzó con ilusión y altas expectativas, pero que concluyó marcada por tensiones internas, falta de respaldo y resultados insuficientes.

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/José Pablo Verdugo