Lautaro Martínez anotó el gol de la selección albiceleste. En el segundo tiempo pudo empatar elelenco incaico, pero Yoshimar Yotún elevó un lanzamiento penal

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Desde el comienzo Argentina sentó postura. Con Paredes como lanzador, con Di María bien abierto, con De Paul tirándose a la derecha y Molina apareciendo, más Messi y Lautaro buscando dar la estocada por el medio, el equipo se adueñó rápido del partido. De arranque tuvo dos situaciones por afuera, y al ratito el cabezazo goleador de Romero que el árbitro anuló por offside a instancias del línea, en una decisión luego ratificada por el VAR. Era más, la Selección trasandina, y si tardó 42′ en sacar ventaja fue porque no tuvo la eficacia del pasado domingo.

A la posesión de la pelota, al marcado dominio en el terreno, le faltó la claridad en los últimos metros. Di María se desinfló rápido, tal vez influenciado por esa volea de zurda que tiró lejos, y entonces hubo que mudar los ataques al sector derecho del campo de juego, justamente por donde llegó el 1-0.

Parece mentira: no había chances en 2018 de que esto saliera bien. Ninguna. O muy pocas, Un técnico sin experiencia, jugadores -más que jugadores, líderes, referentes- ya fuera de la Selección como Masche dejando huecos que parecían imposibles de llenar, una dirigencia que venía de habernos dicho que Sampaoli era el mejor del mundo, un medio periodístico sanguinario (el nuestro, el argento, nosotros), que nunca pierde, campeones mundiales del Twitter, pero, sobre todo, lo primero: eso de un cuerpo técnico sin experiencia. Ni siquiera en clubes. En la Selección de Messi, un DT que no había dirigido más que a pibes en L’Alcudia (¿donde?) y, encima, en un país de 44 millones de técnicos, empezando por el Cholo Simeone, Gallardo, Pochettino, Rondina, Kudelka, Coleoni… Porque cualquiera tenía más pergaminos que Scaloni. Cualquiera. Pero tres años después de aquel 2018, acá estamos: con una base consolidada, con una lista ya casi armada pensando en Qatar (nombre más, nombre menos), con un pie en el Mundial, pero, sobre todo, con esta comunión hermosa entre la gente y el equipo.

Hay un De Paul enorme, un Cholo Simeone versión 2.0, puro despliegue, garra, corazón y llegada al área rival; dos centrales que ya son fija; un Lautaro que es el Bati de 2021 y un Leo que puede tener un partido flojo (se lo notó algo cansado), como ayer ante Perú, y sin embargo el equipo da la cara.

Y gana, nada menos.Jugamos bastante mal ante Perú, pero estamos bien. Viviendo este momento casi único. Porque el Monumental es un hervidero con la Selección. Sí, un hervidero. Se canta dale campeón, se vibra con Leo, claro, con Di María, con el Dibu (tremendo el aliento en el penal), con Scaloni. Así estamos: pura felicidad.

Ahora, por ejemplo, Leo no patea los tiros libres sabiendo que, si se la tapa Gallese o se le va a la tribuna, en esas mismas tribunas, habrá alguno que dirá “es un fenómeno, pero no ganó nada con la Selección”. Ahora patea los tiros libres sabiendo que, si se va a la tribuna, lo van a aplaudir. Eso, más allá de la Copa América en Brasil, es el gran logro de este equipo.

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/Escrito para Olé por Mariano Murphi. Fotos twitter selecciones de Argentina y Uruguay