Con sándwiches recibió anoche el diputado José Miguel Castro (RN) a una serie de comensales de distintos sectores políticos que acudieron hasta su casa en Lo Barnechea para continuar con las negociaciones de un nuevo acuerdo administrativo que permita liderar la Cámara de Diputadas y Diputados.

A la cita concurrieron los representantes de Chile Vamos, los diputados Juan Antonio Coloma (UDI), Andrés Longton (RN), además del jefe de bancada del Partido Republicano, José Carlos Meza. Únicamente se excusaron por motivos de agenda los negociadores de Evópoli.

No obstante, también acudieron interlocutores de otras fuerzas: los diputados Miguel Ángel Calisto (DC), Víctor Pino (PDG) y Tomás Lagomarsino (Radical), cuya presencia fue la más sorpresiva de todas, ya que su colectividad es parte de las coaliciones de gobierno. Además estaba presente el asesor legislativo y coordinador de la bancada PDG, Fabián Poblete.

La presencia amplia daba cuenta -al menos en teoría- de que las fuerzas de derecha, que suman 66 diputados, ya tendrían una base de apoyo para imponer un nuevo(a) presidente(a) de la Cámara. Con ello, no solo se apoderarían de la mesa, también podrían proponer una reconfiguración de la comisiones legislativas, instancias cruciales para definir qué leyes se discuten, situación que sería catastrófica para la agenda del Ejecutivo.

Una de las principales coincidencias del encuentro de anoche fue remarcar el interés por generar un acuerdo que abarque a la mayor cantidad de sectores políticos, incluso, haciendo una invitación a todos los partidos. Sin embargo, ello también daba cuenta de que ahora la derecha -que fue marginada del acuerdo administrativo suscrito en marzo pasado- era la que tenía la capacidad de sumar e imponer sus condiciones.

“Estamos haciendo los esfuerzos para lograr un consenso lo más amplio posible para darle gobernabilidad a la Cámara de Diputadas y Diputados”, dice el diputado Coloma (UDI).

En ese punto coincide Calisto (DC). “Nuestro objetivo principal es generar las condiciones para el acuerdo más amplio posible. Dar gobernabilidad a la Cámara, para lo cual hay que generar un consenso desde la centroizquierda hasta la centroderecha y la derecha, que nos permita un acuerdo para este período, que dé prolongación a esto los próximos tres o cuatro años restantes. Esto es un acuerdo administrativo, no es un acuerdo político. Por lo tanto, hay que restarle dramatismo respecto de quiénes participan y de los partidos que se suman. Buscamos generar un acuerdo lo más amplio posible sin vetos”, señala el legislador falangista dando por finalizado el acuerdo de marzo, en el que participó su colectividad.

Luego de que el Partido Comunista bajara a la diputada Karol Cariola de la competencia por liderar la testera -tras el descuelgue del PDG y la DC a respetar el acuerdo administrativo consolidado a principios de año- desde Chile Vamos vieron una oportunidad de tomar la iniciativa y negociar con los sectores de centro para tener opciones de presidir la corporación.

El inminente acuerdo incomodó al oficialismo -representado por el Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad- que han visto cómo un pacto de Chile Vamos, republicanos, la DC, el PDG y algunos independientes podría alcanzar los 78 votos necesarios.

Por ello es que tanto el oficialismo, como el gobierno han sondeado distintas alternativas para contrarrestar la ofensiva y han analizado negociar directamente con la DC, bajo la premisa de que el PDG ya rompió el acuerdo, afectando su credibilidad.

Si bien anoche varias fuentes dicen que no se llegó a un acuerdo formal y por escrito, se afirma que sí hubo un preacuerdo de palabra entre los asistentes. “Los votos están”, dice uno de los participantes.

En un ejercicio matemático teórico, los 66 votos de la derecha (republicanos, UDI, RN, Evópoli e independientes como Érika Olivera), sumados a los 9 de la bancada PDG-independiente, más dos DC (al menos) y Lagomarsino llegarían a 78 de 155 diputados (más del 50%).

Si a esa mayoría se le suman otros descolgados del acuerdo de marzo, como Pamela Jiles, René Alinco y Carlos Bianchi, superarían los 80, votos más que suficientes para ganar en la primera vuelta de la elección por la presidencia de la Cámara que se realizará el próximo 7 de noviembre.

“El que quiera sumarse, que se sume”, dicen, pero recalcando que serán la derecha, el PDG y la DC quienes terminen con los mayores beneficios del acuerdo como las presidencias y las comisiones relevantes.

Este domingo esperan volver a juntarse presencialmente y, en esa oportunidad, podría haber referentes de esas coaliciones para hacer el anuncio definitivo del nuevo pacto.

Sin embargo, algunos entendidos en la negociación creen que habría sectores -como el Frente Amplio y el Partido Comunista- que no estarían dispuestos a firmar un acuerdo con el Partido Republicano, por lo que cualquier consenso amplio difícilmente podría integrar a todo el oficialismo.

De hecho, se creía que podría haber presiones para evitar que otros aliados al gobierno se sumen a un acuerdo con la derecha. Incluso, esta mañana se habría realizado un llamado de la ministra del Interior, Carolina Tohá, a Lagomarsino.

Meza (republicano) dice que “nos hemos puesto a disposición de lograr un acuerdo transversal para que la mesa que viene y la que viene más adelante sean representativas de la nueva reestructuración de fuerzas políticas y sobre todo que den garantías de ecuanimidad al momento de la discusión, que es lo que más nos interesa a nosotros. ¿Cuál es el acuerdo al que hemos llegado hasta el momento? O en qué punto están las conversaciones mejor dicho, es que esta reestructuración se tiene que dar, y todos los que hemos participado de la reunión ayer estamos de acuerdo en que tiene que ser así. Lo que nos falta ahora es hacer la sintonía fina”.

Si bien aun se encuentran explorando fórmulas, anoche se generó un consenso de repartir la presidencia de la Cámara en cinco períodos de 8 meses. La primera presidencia partiría con el PDG, que sería representado por el diputado Pino. El plan considera, además, que la DC podría contar con dos períodos, mientras que la UDI y RN se quedarían con los otros dos.

La búsqueda de votos

Para lograr los 78 votos, RN cuenta con 24 sufragios, la UDI 23, Evópoli 4, el Partido Republicano 13 y el PDG 9. Además hay dos independientes afines: Gonzalo de la Carrera y Érika Olivera. Eso le daría una base teórica de 75 votos, faltando 3 apoyos.

Sin embargo, hay fisuras a considerar, pues en RN las diputadas Francesca Muñoz y Sara Concha se han manifestado en contra de formar un pacto con el PDG. “Desde la centroderecha debemos impulsar un nombre propio, ya que el PDG ya había mantenido acuerdos con el PC, por lo tanto, no generan confianza a la hora de generar alianzas”, dice Muñoz.

También hay dudas respecto de la votación de otros como Eduardo Durán (RN) y la misma Olivera (quien renunció a la bancada RN), mientras que en el mismo PDG hay sospechas de cómo podría votar Rubén Oyarzo.

Sin embargo, eventuales disidencias también podrían ser compensadas por los mencionados votos de Alinco, Jiles o Bianchi, además de otros DC y eventualmente del integrante del partido en formación Amarillos, Andrés Jouannet, quien se ha mantenido distante de las negociaciones de los principales bloques.

En el peor escenario, afirman en Chile Vamos, la elección de la Cámara se resolvería en una segunda votación (en caso de que ningún candidato logre los 78 votos mínimos). En ese balotaje, que se debería realizar en forma inmediata, solo competirían los más votados de la primera vuelta y ganaría quien obtenga la mayoría relativa. Según los cálculos que existen hasta ahora, la derecha tendría ventaja sobre el oficialismo en esa medición.

De todas maneras, en ese sector afirman que las discrepancias de Durán, Muñoz y Concha están relacionadas con que ellos tienen pretensiones de liderar jefaturas de bancada o algunas comisiones claves, por lo que están haciendo presión como una forma de negociar algo a cambio.

Este domingo, a las 21.00, la bancada de RN tendrá una reunión por Zoom en la que esperan abordar el tema.

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