Una visión actualizada de los costos económicos de la creciente delincuencia en Chile durante la última década, es la que entregó esta mañana un estudio confeccionado por Clapes UC.

Según el análisis, el daño económico de la delincuencia en el país casi se duplicó entre 2013 y 2022. En concreto, el gasto de los chilenos (medido en dólares de 2022) asociado a delitos saltó 94% en diez años. Y como porcentaje del PIB, estos subieron de un 1,4% en 2013 a un 2% en 2022.

El estudio, explicó Clapes UC, se focaliza en los costos asociados a los delitos de mayor connotación social, violencia intrafamiliar, infracciones a la Ley de Armas y robos de vehículos. Dentro de estos se consideraron varios tipos de gastos relacionados, como son los gastos en seguridad, en seguros y tratamientos médicos de las víctimas, el ingreso laboral perdido de víctimas y reclusos, y el costo de las muertes debidas al crimen, entre otros.

Además, añade el estudio, si se incluye algunos gastos relacionados con delitos de cuello y corbata, el porcentaje del costo de la delincuencia para el PIB sube a 2,1%.

En tanto, el análisis detalla que el daño económico de la delincuencia en el país en 2022 equivale a cuatro veces el gasto del gobierno central de ese año en defensa (0,5% del PIB) y algo menor al realizado en transporte (2,3% del PIB). También indica que este incremento del gasto producto de delitos se explica, principalmente, por un mayor costo de anticipación afrontado por el sector privado.

De hecho, detalla que entre 2013 y 2022, el gasto asumido por el sector privado para enfrentar la delincuencia ha crecido 17,4% real anual, mientras que en el mismo periodo el gasto del sector público ha crecido un 1,9% real anual.

Tres grandes grupos de costos

El estudio de Clapes categoriza los costos del crimen en tres grandes grupos y el primero tiene que ver con «los costos por anticipación», que son, explica, «todos aquellos en que incurren privados y unidades especializadas públicas para prevenir y disuadir la ocurrencia de delitos. Estos gastos han experimentado un drástico aumento desde 2013, impulsado principalmente por el crecimiento de la seguridad privada».

«En 2022, el costo por este concepto se ha multiplicado en más de trece veces comparado por el año 2002 y más de cinco veces en relación al año 2013, representando en 2022 un 44% del total de los costos de la delincuencia. Entre los ítems que aquí se consideran están la instalación de alarmas, cámaras de seguridad y sistemas de monitoreo, transporte de valores y la seguridad privada», agregó.

En segundo lugar se ubican los «costos por consecuencia», que se refieren a aquellos gastos directamente atribuibles al cometimiento de los delitos. Estos costos -según el estudio- han aumentado significativamente (48%) desde 2013, destacándose el crecimiento en los costos asociados a homicidios y robos de vehículos, este último también asumido por el sector privado».

«En el año 2022, el costo de homicidios muestra un aumento de casi tres veces en términos reales desde 2013, con una tasa de crecimiento real anual de 12,9%. El costo del robo de vehículos aumentó en un 6,7% real anual en el mismo período», señala.

Por último, están los «costos en respuesta», que comprenden los recursos públicos destinados a la identificación, persecución y sanción de los delincuentes, así como los gastos subsiguientes en materia de reinserción social.

Estos gastos también han experimentado un alza, especialmente, en programas dirigidos a la prevención de la violencia contra las mujeres, vigilancia municipal y el cuidado de menores involucrados en delitos. Al año 2022, los costos por respuesta a la delincuencia aumentaron en promedio un 1,9% real desde 2013, un incremento mucho menor a los otros dos componentes.

El director alterno de CLAPES UC y uno de los autores de esta investigación, Leonardo Hernández, explica que «además de los costos que considera este estudio, para futuras políticas públicas se debe considerar el costo social de la delincuencia, que es mucho mayor».

«Este comprende costos asociados a la pérdida de bienestar cuya contraparte pecuniaria es muy difícil de cuantificar. Por ejemplo, la pérdida de bienestar por el temor que sienten las personas y los cambios de conducta derivados de éste, como es que la gente deja de salir a la calle por las noches, o deja de sacar dinero de los cajeros automáticos y de manejar autos de alta gama», cerró.

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