El complejo panorama político y judicial al que se enfrenta la Presidenta de Perú, Dina Boluarte, se trasladó también al del rechazo ciudadano. Desde que asumió la conducción política del país vecino, tras la salida de Pedro Castillo del poder, los porcentajes de apoyo en las encuestas le han sido esquivos, pero un sondeo del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) difundido este domingo reveló que estos llegaron a un mínimo histórico, con cerca del 90% declarando que desaprobaban su gestión.

El estudio, publicado por el periódico La República, detalla que 9 de cada 10 peruanos rechaza la forma en que se lleva la dirección del país, alegando que la crisis política que atraviesan también golpea la mayoría de los bolsillos del país. Prueba de aquello es que, en el sector más pobre de la sociedad, solo un 3% de los encuestados dijo apoyar a Boluarte. Catalogados en los tramos socioeconómicos D y E, representan al 54,5% de la población. En total, solo un 5% del total de los encuestados dijo apoyar a la actual administración. El resto no respondió o dijo no saber.

Realizado entre el sábado 18 y el jueves 23 de este mes, y con un margen de error de 2,8 puntos hacia arriba y hacia abajo, el estudio dio como resultado la peor cifra a la que se ha enfrentado la mandataria, incluso peor que cuando estalló la crisis sobre su representatividad justo después de asumir la presidencia, en remplazo del entonces encarcelado Castillo.

Con estos índices, Dina Boluarte sobrepasó la infame marca instalada en Perú por el expresidente Alejandro Toledo, quien a principios de 2004 hizo historia al marcar un 7% de apoyo a su gestión en una encuesta realizada por Apoyo, hoy Ipsos.

Sobre las razones del histórico rechazo a la mandataria, el 72% de los consultados por el IEP -es decir, casi tres de cada cuatro- plantearon que la crisis política afecta mucho o algo su situación económica, lo que podría explicar el porqué de su percepción. El 51%, la mitad, declaró que la crisis menoscaba mucho su economía, y el 21% argumentó que el trance político desfavorece en algo sus bolsillos y finanzas.

En la otra cara de la moneda, solo el 16% dijo que consideraba que la crisis política afectaba poco su situación económica, y el 9% planteó que no lo hacía de ninguna manera. En total, uno de cada cuatro encuestados se alineó con la tesis de que la inestabilidad del Ejecutivo no permeaba hacia su situación financiera.

Otro factor también explica la cifra: la idea de la corrupción, tema especialmente candente por el Caso Rolex, donde Dina Boluarte aparece como una de las principales interpeladas. De hecho, un 50% de los encuestados dijo pensar que el actual gobierno terminará siendo aún más corrupto que los de sus predecesores, mientras que el 42% dijo que sería igual. Al igual que con su apoyo general, solo el 5% planteó que la gestión sería menos corrupta que las previas.

La percepción sobre el Congreso no es mejor. Mientras el 91% aseveró que reprobaba su desempeño, el 6% lo respaldó, dejando en tablas la diferencia al compararla con la de Boluarte. Según La República, las cifras sobre el Parlamento no se han modificado significativamente frente a otras encuestas realizadas en los meses previos.

Patricia Zárate, jefa de Estudios de Opinión del IEP, señaló a La República que si bien “las cifras de aprobación de la Presidenta se han mantenido relativamente estables, bajas, pero estables, durante muchos meses”, la de este mes “muestra una disminución estadísticamente significativa entre la aprobación en marzo (8%) y en mayo (5%), registrando el punto más bajo de todo su gobierno”.

Para la experta, “hay dos cuestiones que explican estas cifras: la percepción de la corrupción en el gobierno y la percepción sobre la situación económica. La mitad de los encuestados piensa que este gobierno terminará siendo más corrupto que los anteriores. La mayoría también cree que su situación económica personal y la del país está peor que hace 12 meses. Noticias sobre corrupción en un país donde siete de cada 10 encuestados nos dicen que ‘no les alcanza’, resulta ofensivo”, argumentó.

Fernando Tuesta, profesor de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica del Perú, escribió en X, antes Twitter, que al no haber “ningún otro presidente con tan alta desaprobación como ella”, la situación “no se puede explicar ya por una herencia del desastre del gobierno de Pedro Castillo”.

A esta altura, cree el académico, “los actos de gobierno y el discurso presidencial se vuelvan no creíbles. Por el contrario, son rechazados y suelen irritar más a la población”. El problema, añade, es que “ha transcurrido año y medio de gobierno y le faltan más de dos. En este escenario la política se vuelve muy imprevisible. La situación es grave, pues pueden ocurrir en cualquier momento eventos que desaten y canalicen este rechazo”. Por eso, considera que generar “acuerdos responsables de cara a la población, es el objetivo urgente. Cómo alcanzarlo, es tarea de los políticos”.

Coincide Zárate, quien aseguró que “la aprobación presidencial en democracias débiles y poco institucionalizadas como la nuestra es un factor que explica la adhesión a la democracia y la satisfacción con la forma en que funciona”. Con miras al futuro, añadió: “La gente esperará cambios y serán los líderes radicales o autoritarios quienes los ofrecerán demagógicamente, cambios que nunca son tales y empezaremos nuevamente el ciclo ilusión/desilusión que caracteriza nuestra relación con la política”.

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