El Sevilla ya está plenamente inmerso en una dinámica preocupante. La nueva derrota sufrida —la tercera consecutiva tras los tropiezos ante Real Madrid en el Bernabéu y Levante— y la segunda seguida en el Ramón Sánchez-Pizjuán, confirma un cierre de primera vuelta inquietante: apenas 20 puntos sumados y solo tres de ventaja sobre el primer equipo en puestos de descenso, el Valencia, que acumula 17. Un escenario que instala la urgencia como elemento permanente en el día a día del conjunto andaluz.
El equipo dirigido por Matías Almeyda volvió a evidenciar uno de sus principales déficits: la alarmante falta de contundencia ofensiva. El balance fue elocuente: apenas un remate entre los tres palos en cada tiempo, un registro claramente insuficiente para un equipo que necesita puntos con urgencia. Si bien el Sevilla logró progresar por las bandas y pisar campo rival con cierta frecuencia, nunca logró transformar esa posesión en verdadero peligro para el arco defendido por Radu, que vivió una noche relativamente tranquila.
En el otro extremo, el Sevilla se sostuvo durante largos pasajes gracias a la actuación de Vlachodimos, quien evitó que el marcador se inclinara antes del final. El arquero sevillista respondió con solvencia en dos ocasiones clarísimas del Celta, una en cada tiempo. Especialmente determinante fue su intervención en los minutos finales, cuando protagonizó un doble paradón: primero, ante un disparo cruzado de Swedberg, y luego, con reflejos felinos, sacando una mano desde el suelo para desactivar un remate a bocajarro de Ilaix Moriba.
Sin embargo, la resistencia terminó cediendo en uno de los últimos ataques del conjunto gallego. En el minuto 88, una acción mal defendida desde la diagonal de Swedberg, que encontró a Ilaix Moriba en la frontal, desencadenó el desenlace. Oso llegó tarde y entró por fuera al atacante celeste, pese a que Nianzou ya cerraba por dentro. El contacto fue leve, pero existió, y el árbitro Sánchez Martínez no dudó en sancionar penalti.
Marcos Alonso se hizo cargo de la ejecución en el minuto 88 y, con frialdad, estableció el 0-1 definitivo para el Celta. Un resultado que premió a un equipo que acumuló más argumentos ofensivos a lo largo del encuentro y que expuso nuevamente a un Sevilla sin gol. La estadística es contundente: el conjunto hispalense encadena cuatro partidos consecutivos —incluido el duelo de Copa ante Alavés— con derrotas y sin marcar, una señal inequívoca de la crisis ofensiva que atraviesa.
Para agravar aún más el panorama, Rubén Vargas debió abandonar el campo nuevamente lesionado, apenas seis minutos después de haber reaparecido. El suizo, uno de los recursos de Almeyda para intentar romper la sequía tras más de un mes y medio sin competir, se retiró visiblemente afectado, sumando un nuevo contratiempo a un Sevilla que cierra la primera mitad del campeonato con más dudas que certezas y con el descenso asomando cada vez más cerca.




