Negativa, así describe Moody’s las perspectivas de los bonos soberanos de la región para este 2023, esto explicado por el lento crecimiento económico en la región, mayores costos financieros y el continuo aumento del costo de vida, lo que implicará tomar decisiones políticas difíciles en los próximos 12 meses.

“La agenda política de América Latina probablemente seguirá centrándose en brindar asistencia a los hogares en el corto plazo ante la escalada de los precios de los alimentos y la energía, lo que dejará poco espacio fiscal para la inversión pública”, afirma Jaime Reusche, Vice President – Senior Credit Officer de Moody’s. “En este contexto, la eficacia de las políticas sociales será clave al diseñar programas sociales focalizados para evitar el gasto excesivo e invertir recursos en los resultados sociales deseados”, agrega.

Según el reporte, “las tensiones sociales en la región se han vuelto más complejas, lo que convierte a los riesgos sociales en una preocupación política destacada”. Por ello, sostiene Moody’s, “estas tensiones sociales comenzaron a conducir desarrollos políticos y normativos, pero las demandas insatisfechas continuaron enconándose y provocaron una severa reacción en países como Chile, donde el descontento con los altos costos de vida, la calidad de los servicios públicos y la desigualdad dieron como resultado un cambio en la dirección de la política fiscal”.

“El aumento de la pobreza y la desigualdad en la región durante la pandemia resurgió algunas de estas tensiones, que se agudizan por el aumento de los precios de los alimentos y la energía, lo que se traduce en una pérdida de ingresos y un deterioro de la calidad de vida, especialmente para los más vulnerables dentro de la sociedad. Estas condiciones han contribuido a empujar los resultados electorales hacia la izquierda política en países como Perú, Chile y Colombia. En el caso de Brasil, si bien estos factores influyeron, las persistentes tensiones políticas han tenido mayor influencia y condujo a hechos recientes que desafían la gobernabilidad”, dice el reporte.

En tanto, el reporte sostiene que a medida que las economías de América Latina muestran una recuperación de la actividad posterior a la pandemia, a pesar de que los riesgos externos de deterioro están relativamente contenidos, “persisten los desequilibrios entre la oferta y la demanda a nivel global, lo que frena las perspectivas de crecimiento para 2023 y continúa acentuando la inflación, aunque a un ritmo desacelerado”.

Así, Moody’s espera que la región en general crezca un 2,7% en promedio, frente al 3,8% en 2022 y al 7,1% en 2021, con una desaceleración más notable en las economías de América Latina que en el Caribe, donde el turismo sigue recuperándose desde una base baja que apoya la actividad a corto plazo.

Por otra parte, los indicadores de deuda de la mayoría de los soberanos de América Latina se mantendrán prácticamente sin cambios en comparación con 2022. Tras la elevada volatilidad de las finanzas públicas en 2020-22, Moody’s espera que los déficits fiscales retomen, en gran medida, sus niveles prepandémicos. La medida en la que los gobiernos lograron controlar los amplios déficits fiscales en 2021-22 impulsará la diferenciación crediticia y determinará cuánto espacio fiscal tienen los gobiernos para absorber el aumento del gasto social.

Y si bien “después de amplias caídas en 2021-22, los índices de deuda se estabilizarán en su mayoría en 2023 para países como Perú, Ecuador, Uruguay (Baa2 estable), Panamá y Paraguay”, dice la agencia, “en unos pocos casos como Brasil, México y Chile, la deuda aumentará marginalmente a medida que los déficits fiscales siguen siendo amplios y el crecimiento se desacelera”, apunta Moody’s.

Con todo, dice que a pesar de la desaceleración y los riesgos externos, la región “se desempeñará comparativamente mejor que otras”, pues mientras que el conflicto Rusia-Ucrania ha provocado un reinicio de la energía de Europa y condujo a un shock en los términos de intercambio para otras regiones, la dependencia de LatAm de las canastas de exportación de Rusia y Ucrania es muy limitada.

Así, “las canastas de exportaciones de algunos países de la región tienen algunas similitudes con las de Rusia y Ucrania, particularmente en términos de alimentos y energía. Además, el cambio global hacia tecnologías verdes podría respaldar la demanda de exportaciones de países con una gran dotación de metales utilizados en la transición energética como Brasil, Chile, México y Perú”.

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